La vitrina debajo del subsuelo

La vitrina debajo del subsuelo

A comienzos de este año fuimos invitados a realizar una exposición en el Centro Cultural de España en Buenos Aires por Laura Spivak, artista y curadora que se desempeña como programadora de los espacios de arte de esta institución. En vez de exhibir nuestras obras personales optamos por presentar la propuesta de una exposición que reúna imágenes, ideas y obras de otros con quienes encontramos vínculos de reciprocidad afectiva, política, estética.

Reciprocidad se apropia de este espacio de exposiciones en la calle Florida. Punto neurálgico del comercio, el turismo y las galerías de arte. Un lugar de paso, donde abundan relaciones de comercio y la temporalidad de la compra-venta es un cronómetro urbano. Desde allí deambulamos por las calles, perdidos entre los cafetines y los  pasillos de las galerías donde sacan el cuero,  contrastando con el paso epiléptico de los transeúntes, que dialogan en movimiento con ofertas múltiples, incluyendo al contrabando legalizado y el mercado ilegal. Instantáneas de niños que piden una moneda se reiteran, brotan como hongos en las esquinas. Hay artistas callejeros y callejeros artistas, cámaras de vigilancia, latidos de tacos altos, artesanos, “volanteros” y “perfumeros”. Florida: se suma a esta descripción el peso histórico de una tonelada de catálogos desparramados en la memoria de esta peatonal, tan importante para el propio circuito de arte local, como la vieja carrocería que recubre el motor de una empresa nacional.

Reciprocidad, entonces, es un experimento. Es como una pipeta cargada de una sustancia de la cual aún no sabemos que podrá producir. En este tubo de ensayo, espacios y tiempos se contaminan entre si y son parte de una misma densidad. Aquella que surge de re-partir y com-partir, y nos permite jugar con las visibilidades y oscuridades que produce la aprensión de este contexto.

 

Al comenzar a imaginar este proyecto nos dimos cuenta que, al igual que nosotros, estaba vivo. Una propuesta que empezó como una invitación a exponer, luego, proyecto de exposición colectiva y ahora el inicio de un itinerario aún mas extenso hacia una constelación formada por artistas, colectivos, creadores de imágenes e íconos, pensadores y activistas que operan desde lenguajes disímiles. Aquí poco importan las dicotomías entre generaciones, estilos o nacionalidades de los participantes. Criterios inútiles y cerrados en categorías anticuadas.

 

En cambio, se busca  poner el acento en ese intento de salir de aquellas definiciones, territoriales, mediáticas y formales. Sus intensiones e intensidades se basan en las tensiones internas de cada una de las obras, textos e imágenes que la integran en relación con las otras. Por lo tanto, no se busca el “corte”, ni la homogenización de estilos, sino justamente lo opuesto, un caos relacional que refleje el movimiento dialéctico que producen el conjunto de los materiales expuestos.

 

Al preguntarnos, desde que lugar abordaríamos nuestra intervención en el espacio de exposición, pasamos por muchísimas posibles in-definiciones: ¿como artistas individuales? ¿Cómo colectivo de artistas? ¿Cómo activistas culturales, curadores o alquimistas? Evidentemente esta es una pregunta trampa que solo construye jerarquías y parcela campos. En cambio nos alimentan los procesos de construcción colectiva, donde el dialogo, el debate y la discusión hacen a la correspondencia recíproca, potenciando las relaciones del intercambio mutuo. Como coordinadores somos un poco de cada cosa y así la programación y los participantes se ensamblan en ese conjunto que se presentará bajo el título de la muestra.

Nuestra anterior experiencia en la coordinación artística de una exposición colectiva, fue  La Normalidad [i] (última parte del proyecto “Ex Argentina”)  realizada en el Palais de Glase en el año 2006. En aquella oportunidad conformamos un equipo junto con el artista Eduardo Molinari y redactamos un texto[ii] para el catálogo donde nos preguntábamos sobre el estado de situación del sistema social y sus repercusiones en el campo del arte. En aquel contexto, La Normalidad hablaba justamente a una supuesta normalidad pos-2001, con la superación de la crisis de representación, el retorno al orden social y la economía formal. Es nuestra intención darle continuidad a las ideas que enunciamos entonces cuando utilizamos el concepto de Inclusión Permanente. “La inclusión simbólica como ilusión: idea de volver a pertenecer a un proyecto algo…” para describir como operaba la reinserción en los sistemas sociales y económicos.

 

La “recuperación” de aquellos sectores que habían sido expulsados o marginados creó nuevos mercados o revitalizó los ya existentes. En la cultura,  por un lado se hizo evidente la creciente tendencia hacia la ONG-ización de cuanto proyecto autónomo existiese, insertándose ahora en el área de “servicios” o corriendo desesperados a la caza de subsidios y recursos del gobierno de turno o fundaciones extranjeras. Por otro lado, la normalización se materializó en un auge del reciclaje de la historia reciente, con una explosión de archivismo crónico y así fueron apareciendo cientos de nuevos-viejos archivos de experiencias sociales, políticas, artísticas. Finalmente, la inevitable catalogación de las prácticas, movimientos o experiencias que habían surgido como gestos o reacciones de coyunturas de crisis, incorporándolas y promoviéndolas ahora como tendencias, convirtiendo a sus actores/protagonistas en consumidores eventuales de sus propias experiencias.

Pero la máquina lavadora, sigue funcionando a toda marcha. Detrás de sus aceitados engranajes aún hay sitios donde mirar. Si giramos la posición de nuestros cuerpos podríamos descubrir que estamos dentro de la máquina, girando y girando sin cesar.
Allí, entremedio de botones y circuitos hay una puerta que se abre:

-Pase usted!

 

Ahora, superado el mareo, empecemos circulando por esta exposición como viajeros sin brújula. Nos sumergimos en una amalgama de particularidades, que en su conjunto constituyen una nueva pieza. Formas de ser, deambular, transgredir e intercambiar. Símbolos, íconos, teorías y acciones se aglutinan en tres espacios conceptuales. Tres imágenes que coexisten y atraviesan la galería: “La guarida del ocio”, “Bancos de Tiempo”,  “Estrellas Danzantes”.

 


[i] La exposición “La Normalidad” fue realizada en Febrero de 2006 en el Palais de Glase en la Ciudad de Buenos Aires. Organizada por el Goethe Institut de Buenos Aires y con la  coordinación artística de Alice Creischer -Andreas Siekmann – Loreto Garin Guzman-Eduardo Molinari y Federico Zukerfeld. Reunió a más de 45 artistas y grupos provenientes de países como Argentina, Rusia, Chile, Brasil, Alemania, Holanda, Francia y Austria. Fue la tercera y última parte de “ExArgentina” un proyecto iniciado en 2002 que incluyó  el Congreso “Planes para escapar de las visiones panorámicas” realizado en Berlín en noviembre de 2003 y la muestra “Pasos para huir del trabajo al hacer” llevada a cabo desde marzo a mayo de 2004, en el Museo Ludwig de Colonia, Alemania.  Mas información : http://www.exargentina.org

 

[ii] Del texto “La Papa Caliente” Garín Guzmán / Molinari / Zukerfeld, paginas 5,6,7 en “La Normalidad- ExArgentina” ISBN 987-1180-33-0 , Interzona Editora.

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