Estrellas Danzantes

Estrellas Danzantes:

Esta frase tomada de las pintadas del mayo francés de 1968 “Es necesario llevar en sí mismo un caos, para poner en el mundo una estrella danzante.” abre un espacio a las nuevas/viejas cosmogonías. Aquí se trata de la posibilidad de rescatar o construir cosmovisiones propias, devenir de las utopías en un mundo alienado en el consumo. Aquellas alianzas que se arman y se desarman de manera orgánica, sistemas que surgen de estrellas particulares: de lo singular a la acción colectiva como la esperanza del brillo efímero de una estrella fugaz (o una supernova).  

Cuando hablamos de trasformar el mundo que habitamos, olvidamos muchas veces que para cambiar el hábitat hay que trasladarse a otras cosmovisiones, despoblar el territorio conocido, liberarse de las imágenes y conceptos que hemos absorbido como verdades absolutas.

El trabajo de Iconoclasistas es en cierta medida un ambicioso proyecto de cartografías y un laboratorio donde se producen recursos visuales para estimular el pensamiento crítico. A su vez es un concretísimo proyecto de guerrilla de la comunicación, que no sólo se ha apropiado de medios ya existentes sino que ha incorporado una cosmovisión propia, creando e introduciendo íconos y herramientas interpretativas al imaginario de los movimientos sociales con los que se relacionan e interactúan.

A pesar de que este inventario de iconografías esta generado por  Pablo Ares y Julia Rissler, en el diseño y la investigación, al visitar su sitio web nos pareciera que la distancia entre lo virtual y lo real se acorta y el territorio se expande al navegar entre proclamas, mapas, gráficas y links con un aporte sustancial para la visualización de estrategias contra hegemónicas.  Desde hace un tiempo los Iconoclasistas se embarcaron en el proyecto del Atlas Colectivo para lo cual organizan talleres de mapeo grupal en diferentes provincias. Entonces desenrollamos juntos el mapa de la vida donde los puntos cardinales son otros y donde la escala esta alterada. Nos sentamos a recorrerlo juntos mientras rendimos culto a Nuestra Señora de la Pachamama y repasamos los no-logos inventados. Ahora el mundo aparece interpretado bajo otras miradas que nos interpelan sobre formas relacionales posibles y transitamos nuevamente el principio de la historia y su iconografía.

Como un cuento que no tiene fin, o una historia que se exorciza a sí misma, la obra de Diego Haboba se abre como páginas de un libro inconcluso y nos permite ingresar a un espacio de fantasías utópicas cargadas de heroísmo y belleza , al mismo tiempo invita a deambular por un sinfín de paisajes personales e historias familiares. Este universo de ficciones, en donde tanto el galerista, como el crítico de arte, el colega artista o el público en general, intentan descifrar alguna lógica o verdad. El realismo de sus imágenes, contrastado por la fuerte carga ideológica de las historias que giran entorno de ellas, construye una narrativa particular. Diego elabora su obra desde su personalidad anárquica e insumisa,  es allí donde hay una rebeldía fantástica que cobra forma en los trazos de sus finísimos grafismos o sutiles acuarelas. Es en aquel contraste, que su obra nos lleva a penetrar en la intimidad de una imagen de la cual nos será difícil escapar. En Reciprocidad se propone intervenir directamente sobre el muro de la sala de exposiciones con una obra de gran formato realizada con ferrite, el pigmento que se utiliza para las pintadas callejeras. La imagen remite a la ficcionalización de una historia real vivida por Haboba, en este caso relacionada al vínculo afectivo con unos de sus familiares y la idea reiterativa que atraviesa el cuerpo de su obra: exilio y retorno.

Finalmente, bajando un poco más hacia los subsuelos del CCEBA, se oye un rugido.

A pocas cuadras de este centro cultural, entre los matorrales de concreto que cubren la calle Reconquista visitábamos la casa de León y Alicia desde hace años. Mucho se ha dicho y escrito sobre la (vida y) obra de Ferrari durante los últimos tiempos, pero en este caso su presencia en esta exposición nos ayuda a ejemplificar aquello que redunda del título de esta muestra. No sólo en sus obras y escritos, sino también en su actitud y su posición como artista, donde la reciprocidad parece una constante.

Hoy en día, cuando el compartir y la curiosidad sobre el otro parecen diluirse en miles de clicks en amigos facebook, León aporta lucidez, y la rebeldía de los veinte, año en que nació el siglo pasado. Nos sacude con la juventud de su obra, la libertad para salirse de los formatos, para entregarse a la experimentación total y así despliega un potencial visual que hace eco de los tiempos que vivimos y no pierde actualidad. Su producción no deja de renovarse y siempre provoca reacciones, como hace casi diez años en estas mismas salas con “Infiernos e Idolatrías”[i] o la retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta en 2004.

La reciprocidad en este caso parte también de una actitud: Solidaridad vs. Competitividad.
Ferrari apoya cuanta propuesta o invitación se le presente con la misma intensidad y compromiso, sea del centro cultural de un movimiento social o del MoMA. Recuperar una “ética” dentro del espacio del arte es fundamental para las futuras generaciones de artistas, en una época en que parecen haberse licuado todos los valores y solo llegan los que corren más rápido o toman el atajo con silencios complacientes. Justamente, participar, abrirse a actividades colectivas, interactuar con el otro y dejarse impregnar, son caminos a seguir en épocas de individualismo reinante.

Tiempo atrás cuando visitamos su taller, debíamos cruzar boques de alambres retorcidos, esquivando cucarachas de plástico y artículos de santería. En el centro y a los costados de la sala aparecían extraños mundos, formas que colgaban de los techos y entretechos. Entonces ya estábamos todos sumergidos en un viaje planetario entre esos otros mundos que están en este. León le pidió a su asistente, el artista Yaya Firpo que acercara uno para que podamos verlo. Entonces, observándolo desde cerca, descubrimos que estaba compuesto por infinitas tramas interconectadas como redes. Entremedio, cientos de formas de poliuretano aparecían como residuos de una aventura paleontológica. Desafío para imaginar otros mundos cuando en éste la imaginación esta siendo permanentemente bombardeada. En el volumen y la composición de sus “formas” León nos muestra su conocimiento de la materia elegida y la libre experimentación. La sensualidad, el humor y la ironía hacen el resto.

Nos acercamos al fin de este recorrido después de estas casi diez páginas.
La luz tenue de la esquina del Florida Garden se va apagando y encendiendo, titilando sin cesar. A la distancia aún se ve proyectada la sombra de la silueta del rey de la selva entre los planos, dibujos y signos que componen Reciprocidad.

Pero nos esperan nuevos recorridos antes de cerrar este catálogo: luego de las imágenes, el texto del curador y crítico Stephen Wright  “Hacia una reciprocidad extraterritorial: más allá del mundo del arte y de la cultura vernacular” que propone una visión crítica a tono con el carácter de esta exposición y abre la puerta para un merecido debate sobre las condiciones especificas del sistema de arte actual.

Ahora si estimados lectores, avanzamos hacia la puerta del Centro Cultural de España y salimos nuevamente a la superficie donde nos esperan nuevos laberintos para perdernos o encontrarnos.

 


[i] En el año 2000  se presentó la muestra “Infiernos e Idolatrías” que Ferrari expuso en las mismas salas de este Centro Cultural de España en Buenos Aires  (en ese entonces ICI, Instituto de Cultura Iberoamericana) y generó violentas manifestaciones de grupos ultrarreligiosos, mensajes solicitando su clausura e incluso una granada de gases lacrimógenos y basura lanzadas en el interior de la galería. Nos parecía oportuno al tratarse del mismo espacio expositivo recordar este episodio mediante un link hacia un archivo de prensa de aquellos días.

 

Anuncios

TrackBack Identifier URI